jueves, 6 de junio de 2013

AMV o a la democracia se marcha por la izquierda


Fotografía del archivo de La Jornada

ELVIRA CONCHEIRO


Arnoldo Martínez Verdugo, comunista revolucionario

La Jornada / México, DF
Martes 4 de junio, 2013


Es fundamental recordar a Arnoldo Mar­tínez Verdugo por sus enormes contribuciones a la transformación democrática de México y a la unidad de las izquierdas del país. Esos procesos que se abrieron camino en la década de los ochenta del siglo pasado no son explicables sin su paciente, fundamentado y persistente actuar. Es ese Arnoldo el que es reconocido por muchos de los actores políticos de ahora y el que cada quien recupera de acuerdo con su postura política del momento.


Pero no deja de llamar la atención la superficialidad con que se han tratado estos aportes. Flaco homenaje tratándose de un personaje que propició tantos debates y dio tanta importancia a la elaboración e interpretación de la realidad, al análisis de sus peculiaridades concretas, como requisito indispensable para su transformación profunda.


Una cosa es ver aquellas contribuciones de Arnoldo con los anteojos de lo que es la restringida y deformada democracia de nuestros días y, por tanto, despojadas del profundo contenido subversivo que les otorgaba, y otra muy diferente entenderlas integradas a una política comunista, es decir, como factores de un cambio radical de amplias miras, como combates por la superación de la explotación de los trabajadores y la opresión de todo tipo. Lo primero, lo presenta vacío de contenido y conlleva el pragmatismo que se aleja huyendo de la vida de lucha que representa Arnoldo. Lo segundo es lo que da sentido a ese encarnizado combate de los comunistas, lleno de historias de cárcel y persecuciones, pero también de búsquedas creativas, de conquistas de derechos, de movimientos innovadores, de fiestas de Oposición.


Resulta sintomático de la situación que prevalece en las filas de las izquierdas sostener la confusión entre lo que son las formas de lucha y los posibles caminos de la transformación social, y expresa que esta última no aparece en su horizonte. Arnoldo, en contraste, distinguía unas de otros y entendía que son resultados de las condiciones planteadas por la realidad política específica y nunca predilecciones arbitrarias de algún dirigente político. Por eso no rechazó a priori ninguna forma de lucha y defendió que en México la lucha por la democracia era el camino de una transformación revolucionaria, parte de un proyecto comunista.


Arnoldo comenzó en los años cuarenta su militancia política en la escuela de la Esmeralda, donde se afilió al PCM bajo la influencia de los pintores comunistas que aquellos años representaban una importante vanguardia cultural y un referente político militante. Aquella primera experiencia le dio la peculiaridad de ser un líder político con enormes inquietudes intelectuales, culturales y artísticas, asunto nada común en nuestro país.


A él le debemos el impulso de debates sustanciales en las páginas de Historia y Sociedad, Socialismo, El Machete, Memoria, sobre temas tales como lo que significa construir contrahegemonía en un país como el nuestro, para lo cual, además, impulsó el estudio de Gramsci y de un Lenin desconocido, que escapaba al que el estalinismo había confeccionado a su medida. Arnoldo destaca por la lucha persistente contra toda visión dogmática, que impedía alcanzar una política de independencia frente a cualquier poder. Asunto también nada fácil en México, como lo muestra tan larga historia de oportunismo-sectarismo, binomio en el que recurrentemente se entrampa aquí la construcción de una fuerza nacional-popular, autónoma del poder estatal.


Martínez Verdugo –en términos de Marx– combatió toda expresión de que los comunistas pudieran tener intereses específicos, diferentes de los que atañen a los trabajadores, lo mismo que la idea de que el partido fuera por definición su representante. El colectivo partidista que dirigía Arnoldo no era, en su visión, sino parte de un complejo proceso sociopolítico que genera diversas expresiones de los sujetos de la transformación social, por lo que entendía a la izquierda en su necesaria diversidad y pluralidad. También entendió al PCM como un agrupamiento de iguales, a los que unía su conciencia y compromiso con la transformación revolucionaria del país y la solidaridad internacional, razón por la que concibió su tarea dirigente en un sentido colectivo y se empeñó en formar un partido en democracia, cuyas decisiones eran tomadas tras intensas discusiones. Eso mismo lo llevó a no tener apego a sus cargos dirigentes y dejarlos sin conflicto, cuestión que tampoco resulta común.


La transformación económico-social de México, que no sólo política; las formas de lucha, los instrumentos teóricos y organizativos para lograrla: he ahí un programa que dejó planteada la militancia comunista de Arnoldo, mismo que hoy la izquierda debería volver a discutir con rigor.  | eS |

martes, 4 de junio de 2013

Arnoldo Martínez Verdugo y los "chuchos" del PRD

TRAS LAS HUELLAS DE JESÚS ORTEGA ANTES DE SU NUEVA "IZQUIERDA" PERREDISTA


A los chuchos, desde hace 27 años e incluso desde la época del echeverrismo (que no se haga tonto Muñoz Ledo), Arnoldo Martínez Verdugo ya los veía venir*



Twitter: @EduardoSuarez_




• El duro encontronazo se dio a raíz del fraude electoral de 1986 en Chihuahua. El PST y su entonces dirigente histórico Rafael Aguilar Talamantes, defendió la tesis del “fraude patriótico”, esgrimida por el PRI para justificar la derrota de los “conservadores” del PAN


• Desde la tribuna de San Lázaro, [Arnoldo] Martínez Verdugo criticó a esos integrantes del PST como “los socialistas del presidente”. Entre ellos estaban, Graco
Ramírez (¡pero cómo no!) y Jesús Ortega [Martínez]



Jenaro Villamil


01JUN2013

http://homozapping.com.mx/2013/06/martinez-verdugo-y-los-chuchos-los-caminos-que-se-bifurcan/



Una de las primeras decisiones adoptadas por Jesús Ortega Martínez cuando finalmente llegó a la presidencia nacional del PRD, en noviembre de 2008, fue cortar la pensión para los consejeros eméritos del partido. Una de esas pensiones era para Arnoldo Martínez Verdugo, ex secretario general del Partido Comunista Mexicano, ex candidato presidencial en 1982 por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y, paradójicamente, uno de los personajes claves en la fundación del partido que ahora dirige la corriente política conocida como los “chuchos”.



Martínez Verdugo, a sus 84 años entonces, no tenía otro ingreso. Vivía modestamente en la delegación Tlalpan. Relegado por sus propios ex colegas del Partido Comunista al interior del PRD, ahora recibía un golpe de mando de su viejo adversario: Jesús Ortega, a quien él alguna vez consideró como parte de los “socialistas del presidente” —en alusión a la condición de partido paraestatal del PST o Partido Socialista de los Trabajadores [más adelante, Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, PFCRN o “ferrocarril”] en la década de los ochenta.



La pensión a Martínez Verdugo sólo se restableció unos meses antes de su fallecimiento, cuando Jesús Zambrano, integrante también de la corriente Nueva Izquierda, llegó a la presidencia nacional del PRD. A petición del actual senador Alejandro Encinas, la dirección perredista trató de enmendar ese error.



“Le retiraron su apoyo mensual. Me parecía una canallada porque si alguien fue el verdadero impulsor del PRD fue el propio Martínez Verdugo”, rememoró Alejandro Encinas, contendiente de Jesús Ortega en las polémicas y fraudulentas elecciones internas de 2008.



La eliminación de la pensión a Martínez Verdugo y a otros consejeros eméritos no sólo era una demostración de menosprecio. Minimizó el papel que jugó el ex candidato presidencial de 1982 en la fundación del propio partido. Sin su venia, el Partido Mexicano Socialista (PMS) no hubiera accedido a ceder el registro al PRD, que provenía del Partido Comunista Mexicano (PCM).



Porfirio Muñoz Ledo, impulsor de la Corriente Democrática del PRI y ex presidente nacional del PRD, confirmó a Proceso que Martínez Verdugo jugó un papel fundamental para que el naciente Partido de la Revolución Democrática, en 1989, heredara el registro legal del Partido Comunista Mexicano (PCM), el mismo que dio origen al Partido Socialista Unificado de México (PSUM), en 1981, y al Partido Mexicano Socialista (PMS), en 1987.



En casa del entonces secretario general del PMS, Gilberto Rincón Gallardo, se reunieron varios integrantes de la dirección de este partido, incluyendo a Jorge Alcocer, Heberto Castillo, y el propio Martínez Verdugo. Rincón Gallardo propuso la idea de cederle [al PRD] el registro del PMS y varios de los presentes miraron a Martínez Verdugo, considerado en ese entonces como el principal líder político sobreviviente del comunismo mexicano. Martínez Verdugo apoyó esta posibilidad.



Muñoz Ledo recordó también que Martínez Verdugo sugirió que el nombre del nuevo partido fuera “de la revolución democrática” porque “era un concepto que ellos ya traían desde la fundación del PSUM”. [Cierto, y aun desde antes: desde los Congresos XIX y XX (último) del PCM, donde se debatió acerca de la necesidad de una nueva revolución democrática y socialista, último concepto, éste (socialista) al que se opuso Porfirio).- eS]



Martínez Verdugo “ya había avizorado una eventual fractura del sistema político hegemónico que podría conducir al surgimiento de una corriente democrática y tal vez a su desprendimiento, desde antes de 1988”, afirmó Muñoz Ledo.



De hecho, el primer representante del naciente PRD ante el Instituto Federal Electoral fue Martínez Verdugo, en 1989. Su suplente, un político que promovió la ruptura del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y se había acercado al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Se trataba de Jesús Ortega Martínez. El fundador de Nueva Izquierda al poco tiempo sustituyó a Martínez Verdugo en el IFE.





LOS “SOCIALISTAS DEL PRESIDENTE”



El desencuentro entre Martínez Verdugo, secretario general del Partido Comunista Mexicano de 1963 hasta 1981, y la corriente ahora conocida como “los chuchos”, está en el origen de las tensiones actuales del PRD.



[Dato equivocado: las tensiones se decantan desde que Andrés Manuel López Obrador, en su turno como presidente del PRD, deja en las manos de Jesús Ortega el manejo del grueso de los asuntos internos del perredismo, pero venían desde que el “ferrocarril” presidido por Rafael Aguilar Talamantes se había opuesto férreamente —los futuros “chuchos” inclusive— a la formación de un partido político aparte de los que habían quedado comprendidos en el FDN o Frente Democrático Nacional (1987-1988), o sea el PARM, el PPS y el propio PFCRN —sin el PC porque la alianza de éste con la Corriente Democrática de Cárdenas se cocinó aparte y ya casi en vísperas de las elecciones .- eS]



Formaron parte de las dos caras de la izquierda partidista: el PCM y otros grupos que representaban a la corriente independiente del poder político del PRI, y el PST, que junto con el PARM y el PPS eran considerados una “izquierda paraestatal”, creada al final del sexenio de Luis Echeverría y que obtuvo el registro también en 1979, tras la reforma política impulsada por Jesús Reyes Heroles.



El duro encontronazo se dio a raíz del fraude electoral de 1986 en Chihuahua. El PST y su entonces dirigente histórico Rafael Aguilar Talamantes, defendió la tesis del “fraude patriótico”, esgrimida por el PRI para justificar la derrota de los “conservadores” del PAN.



Desde la tribuna de San Lázaro, Martínez Verdugo criticó a esos integrantes del PST como “los socialistas del presidente”. Entre ellos estaban, Graco Ramírez y Jesús Ortega.



Desde su condición de secretario general del PCM [el cargo más elevado en ese partido] e impulsor de la unidad de los grupos de izquierda independiente, Martínez Verdugo fue un interlocutor fundamental y directo de Jesús Reyes Heroles, secretario de Gobernación en el sexenio de [José] López Portillo, en esa primera reforma política que dio origen a la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE). Esta reforma es considerada por distintos especialistas como “el parteaguas” que permitió la apertura electoral del viejo régimen priista y aceleró la creación de nuevos partidos políticos.



La reforma política aceleró la creación del Partido Socialista Unificado de México en 1981. Un año después, Martínez Verdugo fue el candidato presidencial del naciente partido y le reconocieron poco más de 820 mil votos (el 3.48 por ciento) en 1982.



Para las elecciones legislativas de 1985, el PSUM tuvo 12 diputados federales coordinados por Arnoldo Martínez Verdugo, frente a igual número de diputados federales del PST, coordinados entonces por Rafael Aguilar Talamantes. Los otros partidos considerados “paraestatales” también tenían una bancada significativa: el PPS y el PARM, once legisladores cada uno […].



En aquella bancada coordinada por Martínez Verdugo estuvieron Demetrio Vallejo, histórico líder de los ferrocarrileros que se había separado de Heberto Castillo en el PMT, Ramón Danzós Palomino, Leopoldo de Gyves, Arturo Whaley, Jorge Alcocer, Eduardo Montes, Gerardo Unzueta, Rodolfo Sánchez Rebolledo, Pablo Pascual y Eraclio Zepeda.



La primera prueba de unidad para el bloque de legisladores de izquierda independiente con la oposición del PAN (con 38 diputados federales) fueron las elecciones estatales de Chihuahua. El fraude de 1986 logró, por primera vez, la alianza entre diputados del PSUM, PMT y PRT con los panistas. Integraron el Movimiento Nacional Democrático para protestar contra el fraude. Ahí participaron Pablo Emilio Madero, del PAN, Arnoldo Martínez Verdugo, del PSUM, Heberto Castillo, del PMT, Luis Sánchez Aguilar, del PSD, y la ex candidata presidencial del PRT y dirigente de las madres de los desaparecidos, Rosario Ibarra de Piedra.



El Movimiento Nacional Democrático acordó convocar a un foro nacional de protesta contra el fraude en agosto de 1986, y sostuvieron encuentros en Ciudad Juárez con los panistas de Chihuahua que encabezaron una huelga de hambre: Luis H. Alvarez, Francisco Villarreal y Víctor Manuel Oropeza (ver Proceso, No. 0511).



Durante su intervención en San Lázaro, Martínez Verdugo argumentó así la alianza contra el fraude en 1986:



“Tengo la convicción de que esta convergencia es algo que debemos desarrollar con la máxima amplitud, en defensa del voto, contra el fraude electoral, contra un sistema electoral que ofende la dignidad del pueblo. En torno de esta tarea, esta coincidencia es de aquellas que pueden impulsar realmente el cambio que nuestro país necesita”.



“Vivimos una democracia fraudulenta, falsa”, sentenció. Y propuso que frente a la política del fraude electoral, “opongamos una solución social. Un pacto social nuevo, en el terreno más elemental de la democracia: el respeto al voto” (Ibid).



No fue ésta la única actitud de menosprecio que vivió Martínez Verdugo, pero sí la más dura. Tampoco era la primera vez que Jesús Ortega Martínez minimizaba el papel de la figura considerada ahora como el “principal visionario” de la unidad de las izquierdas.





HACIA LA CREACIÓN DEL PRD



El fraude de 1986 en Chihuahua y la víspera de la elección presidencial de 1988 aceleraron la creación de un nuevo partido de las izquierdas independientes. Arnoldo Martínez Verdugo, desde el PSUM, y Heberto Castillo, dirigente del PMT, [habían impulsado ya antes] junto con otros grupos que quedaron al margen del proceso unificador de 1981 la fundación del Partido Mexicano Socialista, en 1987.



A él se sumaron también el Movimiento Revolucionario Popular (MRP), el Partido Patriótico Revolucionario (PPR), la Unidad de Izquierda Comunista (UIC) y una fracción del PST que [dadas las corrientes nuevas de los vientos] se separó de Aguilar Talamantes.



El propio Jesús Ortega justificó así su separación de Aguilar Talamantes y su integración al naciente PMS:



“Hay que recordar que nosotros rompimos con él cuando nos dimos cuenta que estaba en una actitud oportunista, y al servicio de intereses que no eran del partido, y partimos la mitad al PST, para formar el PMS. Eso fue importante”.



El PMS tuvo una vida breve. Tras una intensa elección interna, Heberto Castillo ganó la candidatura presidencial para 1988, pero ya la escisión de la Corriente Democratizadora del PRI y la fundación del Frente Democrático Nacional (FDN) en torno a la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, obligó a la nueva organización de izquierda a tomar una definición.



Martínez Verdugo, junto con otros dirigentes históricos, fueron definitivos para convencer a Heberto Castillo que declinara su candidatura a favor de Cárdenas. El PMS fue el último partido en sumarse a Cárdenas y el primero en impulsar la fundación del PRD.



El FDN “es una creación muy importante, pero ya no responde a las exigencias del movimiento contra la consumación del fraude y la democratización del país”, declaró entonces Martínez Verdugo.



Convencido de que había que diluir el FDN, Martínez Verdugo propuso la creación de un nuevo partido. De lo contrario, sería muy difícil establecer candidaturas comunes. “El PRI se aprovechó de nuestra dispersión”, sentenció Martínez Verdugo en septiembre de 1988, recién confirmado el fraude electoral (ver Proceso No. 620).



A 25 años de distancia y durante el festejo de sus 88 años de vida, la revista Zurda, dirigida por Alejandro Encinas, le dedicó un número especial a Arnoldo Martínez Verdugo que anticipó las reflexiones surgidas a raíz de su fallecimiento, el 24 de mayo pasado.



Encinas remató así su reflexión sobre el legado de Martínez Verdugo:



“El último dirigente del Partido Comunista Mexicano asumió que era indispensable dialogar con las demás fuerzas políticas, pero inalterablemente asumiendo una postura sólida y digna, donde los principios y la autonomía no están a negociación.



“En tiempos en los que se pretende reinstaurar la premisa de que todo lo que no gire en la órbita presidencial es subversivo, la izquierda enfrenta el dilema de cómo relacionarse con el régimen, evitando el fantasma de la división que le persigue como una maldición”.



* Encabezado, secundarias, subtítulos y encorchetados de Eduardo Suárez | blog MDC Mundo Demonio y Carne

sábado, 1 de junio de 2013

DF - Vivir del todo o suicidarse en el metro



Eduardo Suárez

Se pasan. ¿Dónde ha quedado la piedad cristiana? No hagan leña de los caídos o “arrojados” por otros a las vías del metro. No saquen raja de los accidentes, y a los suicidas ya no sigan matándolos.

 

Salir tempranito de casa y aventurarnos por nuestra selva de asfalto es un placer que tortura, produce dicha y calambres y, como casi todo lo demás en la globalización capitalista made in USA, tiene su precio. Hay que arriesgarse pero no ser temerario.


Esa es la clave, pero lo fácil es culpar a las autoridades. A las locales y las que hagan falta. Es buen pivote para los desahogos personales y en ocasiones hasta para el autoengaño:
 

Vox populi - “¿Quién dijo frustraciones?”



Tales escapes suelen durar poco. Son, además, injustificados porque, al margen del descuido de cada uno y la desidia de quienes tendrían que poner más atención en su encargo a cambio de dejar de repetir como si fuesen propias las simplezas de los comunicadores de Peña, la verdad es que el grueso de las insuficiencias que padece la metrópoli tiene su origen en la mezquindad de panistas y priistas a la hora en que de lo que se trata es de darle a la capital de México suficientes partidas del erario.


Bien dicha aquí la vulgaridad: lo que pretenden es seguir teniéndonos fuertemente agarrados de los huevos. A todos. A las autoridades locales en turno (Mancera y su coro a modo), y al resto del total de los mexicanos que pueblan del DFectuoso: a los nacidos aquí y a los migrantes; todos éstos que somos los chilangos, defeños inclusive. (Cualquier otra definición, perdón por la tautología, es-por-definición-discriminatoria. Culero el que no haga caso.)


Antes de que siga adelante, me rehúso a ofender la inteligencia del lector; en consecuencia, no he de precisar enseguida “a modo” de quién o quiénes. Paso de largo. Mejor digo, no sin ironía, ¡gracias, Ebrard!, y además con camaradería de la buena “gracias” también a Andrés Manuel López Obrador por esa su inveterada y me temo que ya crónica costumbre del Laisser faire, laisser aller… ¿Con qué objeto tamaña complacencia?, me pregunto. ¡Si hasta los gringos a través de Salinas y los “chuchos” hacen oír su voz dentro del perredismo y en las instancias donde, aunque no lo queramos, se decide buena parte del futuro mediato e inmediato de la muy noble y leal Ciudad de los Palacios!


Y por si fuera poco: A pesar de que “la ley las obliga”, las instituciones del Estado nacional no le pagan a la capital del país el impuesto predial, ni contribuciones por consumo de agua, y ni siquiera se le toma en cuenta cuando se hace el reparto de los recursos del erario etiquetados para hacer más llevadera la pobreza de los pobladores más vulnerables. ¡Como si en el Distrito Federal no hubiera pobres!


Aferrándose al DF como a un clavo ardiendo, diario llegan legiones de los más pobres del resto de nuestro suelo patrio, sobre todo del estado de Hidalgo y del estado de México, en busca de empleo o al menos para que el gobierno perredista les proporcione atención médica efectiva y gratuita; algo que es cada vez más inútil demandar en instancias del "seguro popular".


Las cifras respectivas son abundantes y las consignan incluso las fuentes oficiales.


Todos son muy bienvenidos —¡nomás faltaba!— pero nunca está de más que tomen precauciones.



Bella y todo, amistosa inclusive, la megalópolis en ciertas circunstancias y lugares puede resultar peligrosa. Como insinué al principio, hace unos días se produjo la trágica muerte de un muchacho al pasarle el metro por encima, o al aventarlo.


Qué desgracia, fue un accidente. Pero —¡zas!—- de las críticas y las maledicencias no se salvó ni la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), como si la benemérita institución de educación superior fuera responsable de no contar con una eficaz coordinación de comunicación social. Una oficina de prensa que, por ejemplo, hiciera mella en la inmerecida fama de la UACM de ser una "simple olla de grillos y alborotadores creada y cooptada por AMLO" para disponer de ella con “aviesos” fines. Veamos:


Al menos para que la gente se entere de que no eran mentiras propagandísticas sino verdades de a kilo las tremendas cosas que él decía que iban a hacer las hordas priistas una vez que el comprador de la membresía por seis años en Los Pinos tuviera chance de apoltronarse en la silla.


Es como me decía un amigo: Que después de tener a los hijos y de amarlos; de aceptar con profundo dolor que se fueran con su madre al extranjero con el propósito de tratar de preservarlos, decían, de la derelicción, a final de cuentas te mientan la madre.


Ah con el cándido. Pero volvamos al accidente en el metro, al manido dato real o inventado acerca del número de fallecimientos accidentales e intencionados, y a los inquisidores de oficio y oficiosos volcados contra la autoridad local y todo aquello con lo que a su alrededor se topen:


Dado que la extravagancia se exhibe en ambos lados, no falta quien esté exigiendo que a-como-dé-lugar "se prohíba" ¡! —junto con las marchas de protesta y la protesta misma— que la gente escoja al metro del DFiéndete como arena, paisaje o telón de fondo para suicidarse. ¡Como si sólo con ponerlo por escrito —que lo está— fuese suficiente!


Por encima de consideraciones conocidas, yo me pregunto: ¿cuál es la razón o el porqué, en ese trance trágico, para despojar de su quizás último deseo a un hombre o a una mujer qui ont la volonté de suicide? Estaría bien que no se dieran muerte o que fueran mejor a La Marquesa a quitarse la vida, como lo hizo hace años, con un cutter, un funcionario de alto rango de la Federación al que lo había embargado la vergüenza.


Mas yo diría que esos "quince minutos de fama" a los que sabiamente solía hacer alusión Andy Warhol son un derecho natural e inalienable de nuestros kamikazes de andén.